jueves, 30 de mayo de 2013

La tienda de mi Barrio.

¿Sabíais que cada día que pasa hay más opciones a la hora de hacer la compra?.
Y lo digo porque yo misma me encuentro en la tesitura de descubrir tiendas nuevas y mayormente, así, por casualidad.
Si hay algo que jamás falta en mi cesta de la compra son las hamburguesas.
Están ricas, son rápidas de hacer y nos salvan siempre de un apuro.

Y es que  eso de ir al supermercado y coger una de esas bandejas de hamburguesas que ya vienen preparadas es de lo más cómodo del mundo, pero… ¿Nos vale la pena?.

Admito que yo era de esas personas pero desde hace un tiempo para acá (o más bien unos añitos) hemos cambiado muchísimo en cuesto de a lo que alimentación se refiere; y es que hemos dejado de comprarlas y sustituirlas por carne picada y las hacía yo misma en casa.

Cada semana (al menos una, sino dos) pasaba por delante de una tienda que regenta un chico árabe y que además de ser un colmado normal y corriente también vende algo que en casa se utiliza bastante a menudo. La yerba mate. Para tomar mate.
(Las personas que tengáis amigos argentinos o uruguayos sabréis de que hablo; y los que no, mirad este enlace.)
Una compra rápida, casi hasta furtiva… Entrar, coger la yerba, pagar y salir. Sin detenerme a mirar más allá de mi razón por estar allí… Hasta que un día, sin saber por qué, levante la vista y comencé a fijarme en todos los productos que vendía…. Incluida la sección de carnicería.
¡Y qué precios!. ¡Y qué calidad!. ¡Y qué limpieza, oiga!.


Me fui a casa pensando, creo, sobre todo en los precios y como al día siguiente era el día de la compra, decidí comparar los precios ya que me llamaba mucho la atención.

Cuál fue mi sorpresa que al comparar la carne picada, no sólo me salía más barata en la tienda, sino que además, la calidad de la carne no tenía nada que ver.
Ese rosita pálido, moteada de blanco (llámese de otro modo: Grasa) comparado con el rojo vibrante y sin rastro alguno de motas blancas me descolocó muchísimo. Pero ya no sólo en el aspecto, sino también que me sale más cara en el súper… (Ironía verdad)

Por esta vez, no compraría carne picada e iría a la tienda de éste chico y os aseguro que desde ese día, se ha convertido en mi mejor amigo :D
Siempre me da a elegir que trozo de carne picar y lo hace delante de mí.
De precio;  genial.  A 6.50€ la tienen en mi supermercado y con él, me cuesta 5 y poco. (ya sé que solo es un euro tonto y que a muchos no os merecerá la pena).
La calidad es inigualable. Nada que ver con la del súper, y no sólo por su aspecto, sino que al cocinarla te das cuenta.




Cuando hago las hamburguesas del súper, siempre se encogían una barbaridad y la cantidad de grasa que soltaban era indecente; y sin embargo, con la de mi “nuevo mejor amigo” apenas varían de tamaño y la sartén queda súper limpia.
Admito que quizás comprarle un paquete de azúcar me sale más caro que en el súper, pero sin embargo, con el tema de la carne os aseguro que he salido ganando y mucho.

¿Sabéis aquello de que “quien no arriesga no gana”?. Pues en este caso, os animo a que arriesguéis.
Echad un vistazo y si ya el tema de higiene os convence, haced lo que hago yo siempre.
Probad con pequeñas cantidades. No es necesario que en vuestra primera compra cojáis carne picada para un batallón (y digo carne picada por poner un ejemplo).
Coged para un par de hamburguesas y catadlas.
Comparad.

Pensad que si la carne de ternera la suelen tener a mejor precio es porque, como no comen cerdo, el consumo se deriva todo sobre la ternera; y cuanto mayor el volumen de compra, mejor  será el precio que le ofrezca al consumidor…
¿Y por qué no ocurre lo mismo con el supermercado?.  Sencillamente porque el supermercado “no tiene religión”. Su compra se divide entre el cerdo y la ternera… Y el consumidor suele decantarse más por comprar cerdo puesto que, como materia prima, es ya de por sí más barato que la ternera con lo que el precio final será siempre más económico si nos ponemos a comparar.


¡Oh!. ¿Y que me decís sobre el vecino del bloque de al lado que tiene un huertecito?
Habéis pensado alguna vez la probabilidad de hacer “tratos” con él.
Ofrecerle la opción de que os venda productos frescos de su huerta por el mismo precio que pagaría tú en el supermercado…
¿O acaso conocéis algo mejor que una lechuga recién sacada?.
¿O de unos tomates recién arrancados?. O me vais a decir que sus tomates saben igual que los de invernadero… o incluso peor, que ¡¡¡tienen el mismo aroma!!!


Lo dicho;
“A veces, es bueno experimentar y probar cosas nuevas”  ;)



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